Justo González sobre la Creación

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Me encanta recibir correo. Recientemente me llegó en un paquete de Fernando Cascante, Director Ejecutivo de la Asociación para la Educación Teológica Hispana (AETH). Como implica su nombre, AETH promueve la educación teológica hispana, y Fernando es un gran embajador de la misión.

Lo que Fernando casó fue un par de finos libros, los versiones inglesa y española de La Creación: La Niña de los Ojos de Dios, por Justo L. González (Ediciones Kairos, 2015). He frecuentado seminarios lo suficiente como para saber que González es un académico destacado y profesor de historia y doctrina de la iglesia. Como no he leído su obra, no sabía qué esperar, tanto en cuanto a su perspectiva como a su estilo.

Me ha encantado en muchos sentidos. Hay muchas razones para recomendar La Creación. En primer lugar es breve: menos de 100 páginas; y cada uno de sus siete capítulos tiene unas cuantas preguntas para la discusión, lo que lo hace perfecto para grupos pequeños.

Es una estupenda introducción para los que se asoman por primera vez o para los que les intimida el tema de los orígenes (p. ej.: ¿qué es la doctrina de la creación? Una pista: no es sobre el cómo de la creación, sino sobre el quién y el para qué?). Para los que están heridos por la guerra cultural creación/evolución, el libro es un bálsamo: González es un pacificador que deja espacio para cristianos con diferentes puntos de vista sobre el cómo de la creación para buscar un terreno común. Como William Willimon escribe en la introducción (de la edición en Inglés): “El Dr. González no ha escrito simplemente una explicación correcta de la doctrina cristiana; ha escrito una historia sobre el amor que crea algo de la nada, belleza del caos, y genera vida de la muerte, amor que mueve el sol, la luna y las estrellas.” Es difícil pelear cuando estás cimentado en el amor.

González despliega en el libro una combinación poco frecuente de provocación y sensibilidad pastoral. Por ejemplo, en el capítulo 2, “La Creación Como Acto De Amor”, no se anda con rodeos respecto a los primeros capítulos del Génesis:

No importa como expliquemos las diferencias entre las dos historias de la creación que aparecen en los primeros capítulos del Génesis, el hecho es que existen esas dos historias, y que si las tomamos como recuentos literales del proceso de la creación resultan radicalmente incompatibles—lo cual lleva necesariamente a la conclusión de que no se han de tomar literalmente, de tal modo que se contradigan entre sí.  (pág. 14).

Es posible que esto levante ampollas en ciertos ambientes. Las diferencias a las que se refiere González tienen que ver con la cronología de los acontecimientos de la creación. En Génesis 1, Dios hace a los seres humanos, hombre y mujer a la vez, después de completar todo el resto de la creación. En Génesis 2, Dios crea primero a Adán, luego a los animales, y finalmente a Eva.

Durante siglos los intérpretes se han calentado la cabeza para hacer encajar esos dos relatos, y los escépticos han citado frecuentemente su discrepancia como prueba de la inconsistencia de la Biblia. González, sin embargo, transforma esta aparente debilidad de la Biblia en una fortaleza. Varios relatos en la escritura nos invitan a una reflexión más profunda sobre el propósito del texto. En los Evangelios, nos recuerda González, tenemos cuatro relatos de la vida y enseñanzas de Jesús: “Cuando leemos los Evangelios no nos preocupamos mucho de si es Mateo o Lucas quien nos ofrece las Bienaventuranzas como son. No nos deshacemos ni de uno ni del otro, y tampoco compilamos las dos versiones para hacer de ellas una sola. Usamos cada una de ellas para enriquecer la otra, así como para forzarnos a escudriñar su sentido más profundamente.” (pág. 16). Y eso mismo se aplica también al Génesis.

Para mí la parte más provocativa del libro es el capítulo 4 (“Entra El Mal”). Aquí González aborda la teodicea, el problema de cómo es que existe el mal en un mundo creado por un Dios bueno y todopoderoso. Tras explicar el problema, escribe: “Afirmamos que Dios es poderoso, que Dios es bueno, y que sin embargo el mal es una realidad. Por lo tanto, no tenemos otra alternativa que declarar abiertamente que no entendemos el mal.” (pág. 52). Es un misterio, concluye, pero no deja el tema ahí.

González nos presenta la respuesta a la teodicea del teólogo del siglo IV, S. Agustín, que a fin de cuentas se puede resumir de la siguiente manera: “la causa del mal es el libro albedrío, que en si es bueno, pero que puede tornarse hacia el mal y hacer que lo bueno se torne malo al colocarlo en un lugar que no le corresponde” (p. 56). (Los que estén familiarizados con los escritos de Tim Keller reconocerán esta idea: la idolatría consiste en transformar cosas buenas en realidades trascendentes; véase Dioses que fallan).

Sin embargo, la explicación de San Agustín solamente cubre parte del asunto, porque no explica el mal natural. González escribe:

Todo parece indicar que desde mucho antes que hubiera seres humanos sobre la tierra ya había terremotos, volcanes y cataclismos en los que centenares de especies y sistemas ecológicos completos fueron destruidos. En vista de lo que hoy sabemos acerca de los orígenes del universo y del género humano, no es fácil pensar que todo ese mal es resultado del pecado humano. (pág. 57).

Esta es una postura muy firme, cuanto menos, pero que encaja bien con nuestro punto de vista en BioLogos.

González continúa tratando dos metáforas que tratan el misterio del mal, aunque no lo expliquen totalmente. El primero es la Caída. Muchos cristianos que conozco están lejos de sentirse a gusto con el término ‘metáfora’ para lo que según ellos es claramente un hecho histórico. Pero para González, el hecho de que la violencia existiera en la tierra antes de los humanos es evidencia suficiente de que es una metáfora, aunque valiosa, dado que “la creación no es actualmente lo que Dios desea que sea. ” (pág. 59).

La otra metáfora que él describe, también frecuente entre los padres de la iglesia, es especialmente conocida a través de los escritos de Ireneo, que “"no veía en ellas [las historias de la creación del Génesis] la historia de una creación completada, sino más bien el principio de un proceso que a la postre llevaría a Jesús, y por fin al reino de Dios.” (pág. 60). Esta metáfora tiene que ver con una creación se mueve hacia su culminación.

Ambos relatos son útiles, en última instancia, porque ambas están cimentadas en la Escritura. Cualquiera que esté preocupado por que González esté adentrándose en las aguas de la heterodoxia teológica por sus referencias a las metáforas pueden sentirse tranquilos al constatar su clara afirmación tanto de la naturaleza profundamente extendida del mal en cada corazón humano y de la bondad y poder de Dios para llevar a cabo sus propósitos para la creación en amor.

¿Ha leído La Creación? ¿Alguien lo ha usado en el contexto de un grupo pequeño? ¿Alguna reflexión?

Notes

Citations

MLA

Applegate, Kathryn. "Justo González sobre la Creación"
https://biologos.org/. N.p., 3 Mar. 2016. Web. 11 December 2018.

APA

Applegate, K. (2016, March 3). Justo González sobre la Creación
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References & Credits

Muchas gracias a Pablo de Felipe para ayudar con la traducción de este artículo en español.

About the Author

Kathryn Applegate

Kathryn Applegate is Resources Editor at BioLogos. She received her PhD in computational cell biology at The Scripps Research Institute in La Jolla, Calif. At Scripps, she developed computer vision tools for analyzing the cell's infrastructure, the cytoskeleton. Kathryn joined the BioLogos staff in 2010.

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